5 de septiembre de 2012

Patriotismo Barato

Apenas vamos comenzando el mes de septiembre y en los comercios y mercados ya se pueden ver las estanterías llenas de mercancía “patriótica”, ni que decir de los vendedores que se avistan en aceras, plazas y cruceros cargados con banderas y demás artilugios verdeblancorojos. Basándome en lo que veo pasar todos los años, puedo predecir que la tendencia permanecerá durante todo el mes hasta el día 15, cuando las principales plazas del país se llenarán de gente ataviada con su bandera, playera de la selección nacional de fútbol, y cara pintada, así como de vendedores de antojitos y chucherías para celebrar el aniversario del Grito de Independencia Mexicana.

Desde que tengo memoria he sentido mucho desdén por esta clase de celebraciones y prácticas. No sé si se deba a la herencia multicultural en mi familia, pero no siento respeto por ninguna de los aspavientos de orgullo nacional típicos (de ningún país, antes de que me empiecen a tachar de malinchista) O más bien, de las prácticas y actitudes que la gente considera patrióticas y las que jura que no lo son.

Muchas de las personas que conozco interpretan ser patriótico como la participación anual en las fiestas nacionales con grandes demostraciones de celebración, gala y éxtasis (fuegos artificiales, comida especial, ropa especial, reuniones en puntos específicos…), el apoyo incondicional y “de corazón” de los representantes nacionales en competencias internacionales deportivas, artísticas, intelectuales o de cualquier otro tipo y un orgullo perpetuo de “lo nuestro”, una seguridad de que la propia nación, gente, cultura y sociedad son “mejores” quién sabe en qué, cómo o porqué, pero nosotros (yo, mi nación, mi patria, mi cultura…) somos los más chingones.

Así como lo siente la gente, ser patriótico significa que mi país es mejor que cualquier otro y que “tenemos muchos errores, pero siempre es más nuestra gran riqueza” y “no hay otro lugar como la patria”; según esto, ser patriótico significa dejar bien en claro que cualquier crítica a mis tradiciones (costumbres, ideologías, formas de actuar y pensar) es un ataque antipatriótico.

Un buen mexicano (estadounidense, francés…) es aquel que vive su vida diciendo que su país es el mejor, el que apoya a sus selecciones y representantes nacionales, el que celebra a viva voz las tradiciones, el que daría su vida por su bandera y colores. Y eso es algo que me parece francamente estúpido.

Soy una de las personas menos visiblemente patriótica (entendiendo patriótico como lo ilustré en párrafos anteriores), pero al mismo tiempo me considero una buena ciudadana y a continuación explico el porqué.