25 de junio de 2014

5 mitos sobre el BDSM y la cultura kinky

Notas: el presente texto fue originalmente escrito para un proyecto que actualmente se encuentra detenido y no para el blog y por ello difiere un poco en tono y lenguaje a lo que normalmente escribo.

El post contiene imágenes de acuerdo a su temática, sin embargo, no hay desnudos.

Las siglas BDSM se adoptan para referirse a tres grupos principales de dinámicas eróticas consensuadas, a saber, Bondage-Disciplina, Dominación-Sumisión y Sadismo-Masoquismo. Lo que diferencia las prácticas BDSM de las llamadas convencionales (o vainillas) es que las primeras buscan juegos e intercambios de poder evidentes y acentuados en los que las personas involucradas se desenvuelvan (previo consentimiento mutuo) en roles diferenciados y contrarios (amo/a-esclava/o, dominante-sumiso/a, etc.), en contraste con las interacciones vainillas en las que las dinámicas y flujos de poder y dominación son más sutiles o neutrales y normalmente inconscientes o no explícitamente acordados.

El BDSM abarca un amplio abanico tanto de interacciones, como de maneras en que estas se viven y va desde meras prácticas sexuales (sesiones, escenas) hasta un estilo de vida.

Durante los últimos años hemos sido testigos de una explosión de atención al BDSM gracias a cierta y grisácea obra de ficción y al reguero de clones instantáneos que generó. De pronto, y tras años de lento pero constante crecimiento y difusión de la cultura kinky, la cultura BDSM acaparó la atención mediática.

Dicho boom de curiosidad sería apreciado como una dádiva de sana difusión, si no fuera por la forma tan inexacta y morbosa en que se ha abordado el tema y la manera tan desfigurada en que se retrató al BDSM en la infame obra. Decir que los prejuicios que la sociedad tiene hacia la cultura kinky fueron originados por dicho libro no sería nada más que una exageración, pero ciertamente este se basa en ellos y los explota de manera oportunista.

¿En qué difiere el BDSM de la vida real del BDSM mítico que nos presentan los prejuicios de la sociedad?

A continuación, 5 mitos comunes sobre el BDSM:
  • EL BDSM siempre tiene que ver con o involucra sexo.
Si bien las prácticas kinkys tienen todo que ver con el placer, ya sea físico o psicológico y muchas de ellas son sexuales, no siempre que se habla de interacciones BDSM nos referimos a interacciones de carácter sexual (en el sentido que normalmente la sociedad da la palabra sexo). Hay muchas actividades y dinámicas BDSM que no terminan, ni empiezan, ni conllevan el acto sexual dentro de su performance. Igualmente, es completamente posible desear, consentir y llevar a cabo una actividad BDSM con una persona con la que no se tiene la intención de tener sexo, ya sea no en ese momento o nunca.

  • En el BDSM el hombre siempre es el dominante y la mujer siempre es la sumisa. 
Este es uno de los mitos más propagados por la obra en cuestión y acaso uno de los más perniciosos, ya que da la idea de que el BDSM es una expresión extrema y literal de la misoginia del mundo en que vivimos, cuando precisamente muchas mujeres encuentran en el abanico de prácticas kinkys una fuente de liberación de los prejuicios sociales hacia la sexualidad femenina.

Ahora bien, empezando por el hecho de que no todas las relaciones BDSM son heterosexuales o involucran solamente a dos personas, dichas relaciones se pueden dar en toda clase de combinaciones y dinámicas de flujo de poder. Dependiendo de los gustos de los individuos participantes, personas de cualquier género pueden desenvolverse en roles dominantes, sumisos o en relaciones en las que los involucrados intercambian roles o no tienen uno definido de manera permanente.

  • Las personas que en las dinámicas BDSM se desenvuelven en roles dominantes son inherentemente personas hambrientas de poder, mandonas y abusivas y las que se desenvuelven en roles sumisos son débiles, tímidas y sin autoestima.

Si bien muchos amos, dominantes o tops son personas con caracteres fuertes o con grandes habilidades de liderazgo y comando, esto no es cierto para todas las personas que se identifican con tales roles. Lo mismo aplica para muchos esclavos, sumisos y bottoms: hay muchos de ellos con personalidades tranquilas y pasivas, pero no todos son así. Lo cierto es que para muchas personas el BDSM es un escape de sus vidas y personalidades cotidianas y buscan desempeñar y explorar en sus prácticas kinkys los roles a los que no se atreven en su día a día o los que son precisamente contrarios a la cara que muestran al mundo.

Adicionalmente, es necesario entender que los roles de dominación son aspectos específicos de la vida y carácter de las personas que se desarrollan en ellos, pero rara vez es todo lo que son. Las personas que ceden el dominio sobre sí mismas a otra persona siguen siendo individuos con voluntad, auto propiedad y el poder de detener su sumisión en el momento que quieran, de elegir a la o las personas a las que les ceden ese poder y las maneras en que lo hacen; de la misma manera, la parte dominante no es libre de hacer literalmente cómo mejor le plazca con la persona que tiene bajo su comando, sino que está restringido a los límites que se establecen de mutuo acuerdo y al estado mental y físico de la persona sumisa mientras se llevan a cabo las interacciones que tengan. De esta manera, hasta en las dinámicas más literales y “exageradas” de dominación-sumisión (o sadismo-masoquismo) la parte dominante tiene que ser también compasiva, atenta, cuidadosa y con gran autocontrol y la persona sumisa tiene que tener su parte de entereza, confianza y fortaleza.

  • El BDSM es algo que se puede improvisar en la recámara, con lo que se puede sorprender a la pareja o que se puede practicar con alguien sin previo aviso, instrucción o acuerdo mutuo.
El consentimiento explícito y entusiasta es algo que se debe exigir como requerimiento básico para toda práctica sexual (alternativa o convencional, extrema o vainilla), pero dentro de las prácticas kinkys, por la naturaleza de las mismas, adquiere especial relevancia el asegurarse de que exista consentimiento mutuo no solo en aceptar practicar algo, sino en el saber específicamente en que consistirá y qué involucra la interacción, tanto por seguridad física de las partes involucradas como por ética.

El aspecto más dura y justamente criticado del BDSM mítico que retrata el popular libro que ya se ha mencionado es la nula importancia que se le da a estos dos aspectos (consentimiento y conocimiento) que en la vida real son pilares del kinky ético y sin los cuales toda práctica sexual (kinky o vainilla) es una violación.

Dentro de las comunidades BDSM se utiliza el acrónimo RACSA (Riesgo Asumido y Consensuado para las prácticas Sexuales Alternativas) para delinear lo que sería el modelo de las prácticas BDSM ideales y éticamente defendibles, en contraposición con el abuso sexual, la violencia y las prácticas criminales, esto es: las prácticas sexuales en las que todas las partes involucradas tienen conocimiento y clara comprensión de lo que van a hacer o dejarse hacer y los riesgos que conlleva, así como las formas de disminuir dichos riesgos y proceder en caso de emergencia, y donde dichas partes, sin estar bajo el influjo de sustancias o voluntades ajenas, han consensuado explícitamente en participar en ellas.

  • Para experimentar el BDSM se tiene que ir y participar en fiestas kinkys llenas de orgías.
Hay muchos tipos de fiestas y reuniones kinkys. Existen, claro, las reuniones privadas y selectas en las que personas experimentadas y comunidades maduras llevan a cabo actividades como orgías o escenas, pero no son la norma.

Las reuniones o fiestas a los que los recién interesados pueden acceder son las quedadas (munches) y las fiestas. Las quedadas generalmente se llevan a cabo en lugares medianamente públicos (cafés, restaurantes, bares, etc.) y no tienen otro fin que la socialización e integración de la comunidad, en ellas no se llevan a cabo escenas BDSM y puede asistir prácticamente cualquier persona. Las fiestas BDSM son reuniones en las que sí se llevan a cabo escenas, demostraciones y demás prácticas kinkys, pero en las que normalmente se cuenta con áreas separadas para “jugar” y para sociabilizar y por tanto es perfectamente posible ir a una fiesta BDSM solamente a sociabilizar; a las fiestas el acceso es un poco más restringido, se tiene que formar parte activa de una comunidad, confirmar asistencia, o ser invitado para poder asistir.

Por último, no hay que dejar de lado el hecho de que hay mucha gente que descubre y comienza a practicar el BDSM en privado y no forman parte activa en ninguna comunidad “real”, sino que se educan sobre la cultura kinky de manera autodidáctica, por ejemplo en Internet. También están los afortunados que lo descubren en pareja y con sus compañeros de vida experimentan y se desarrollan en el estilo de vida BDSM.


Es importante abordar las inexactitudes en la manera en que 50 shades of Grey como el comentario mediático y la sociedad ven a la cultura BDSM porque dichas percepciones erróneas conllevan consecuencias negativas para las comunidades e individuos que la conforman ya sea en la forma de detractores desinformados que ven en las prácticas kinkys conductas que consideran dañinas para la sociedad o hasta en consecuencias legales que se pueden desatar por una simple consulta médica con un doctor prejuicioso (el status legal de la violencia consensuada es indefinido en muchos sistemas de justicia).

Más triste aún es cuando dichos mitos dañinos alejan a personas sinceramente interesadas en explorar este abanico de prácticas eróticas.

Derrumbar mitos y construir aceptación para las prácticas sexuales alternativas no requiere que todo mundo se vuelva kinky, simplemente que aceptemos que es una expresión válida y ética de la sexualidad humana.

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