11 de junio de 2014

Organizar una biblioteca personal o familiar.

Ser lector no es sinónimo de tener una biblioteca personal (o colección de libros, para los que le tienen reverencia al nombre) porque se puede ser lector de varias maneras que no implican la posesión y acumulación de libros físicos. Dicho eso, creo que para muchas personas el amor a la literatura va a la par de un amor al libro como objeto físico y del deseo de cultivar una biblioteca propia.

Cultivar, tener y mantener una biblioteca en casa no es tarea fácil. Los libros como objetos físicos, y más cuando son un montón, son una pesadilla: pesan más de lo que aparentan, acumulan mucho polvo y ocupan mucho espacio...probablemente por eso muchas personas con bibliotecas nunca se preocupan por ordenarlas o darles el mantenimiento que requieren para lucirse y simplemente dejan que los libros se apoderen de cuanto espacio les vaya cediendo uno (Casa tomada much?). Por supuesto, también estamos quienes no somos fans de vivir entre un mar de libros que se acomodan donde más les place (que también tiene su encanto vivir o estar en un fárrango de libros) y es ahí donde se pone peliagudo el asunto.

A lo largo de los años, gracias a mis trabajos como librera y a la experiencia de acomodar, mudar y reacomodar nuestra biblioteca unas cuantas veces, he ido aprendiendo algunos consejos para facilitar la organización y acomodo de la biblioteca en casa:

  • Empezar cuanto antes:
No es lo mismo intentar acomodar, organizar o catalogar 100 libros que 900. Mientras más dejemos que la colección crezca sin una organización y espacio determinados, más difícil será la tarea de acomodarla después.

Aquí la trampa es que cuando tenemos 50 0 100 libros no nos va a parecer necesario ordenarla porque todo está relativamente a mano o es fácil de encontrar, pero créanme: lo mejor es empezar cuando se tienen pocos libros e ir alimentando los libros que vayan llegando dentro de ese acomodo.

Ahora bien, si por diversas razones nunca hemos ordenado nuestra colección y esta empieza a salirse de control o creemos que ya va siendo tiempo de acomodarla, pero no sabemos por donde empezar recomiendo dos cosas:
  1. Aprovechar una mudanza, una remodelación o cualquier otra situación en la que tengamos que desalojar el espacio que normalmente ocupan los libros que tenemos en desorden y al llegar a la nueva casa o tener que volver a poner los libros en su sitio hacerlo utilizando, ahora sí, el sistema de ordenamiento que más nos convenga o deseemos (ver más adelante).
  2. A falta de oportunidades como las ya mencionadas, al mal paso darle prisa y tomar en nuestras manos el acomodo. Probablemente sea una tarea que nos consuma bastante tiempo, así que no es mala idea dividir el trabajo en varias sesiones y hacerlo de poco a poco dependiendo del tiempo que podamos dedica a la tarea. Por ejemplo, en una sesión bajar los libros y limpiar los estantes que ocuparan, en otra decidir el sistema de ordenación y separar los libros en sus grandes categorías y en las posteriores irlos acomodando.
  • Prestar atención al espacio que ocuparán los libros:
Elegir adecuadamente el espacio que ocupará la colección dentro de la casa, es decir, independientemente de las dimensiones que ocupará la biblioteca, cuidar que sea un lugar en el que estará segura, estable y ya si si se puede, que luzca y se vea estética. Evitar, dentro de las posibilidades, lugares donde la luz solar entre directamente, cuartos húmedos, colocarla inmediata a baños o cocina (el baño por húmedo, la cocina por grasa y olores que pueden impregnar los libros), asignarle lugares donde va a estorbar o con espacio reducido como pasillos muy angostos.

También se debe decidir si los libros ocuparán un solo lugar o los distribuiremos en distintos espacios de la casa, por ejemplo: los libros de cocina, cerca de la cocina, los libros para niños en su área de juegos, los libros más vistosos en la sala de visitas, libros por leer en la mesa de noche, étc.
  • Usar muebles adecuados:
Evitar dejar los libros en el piso o en muebles que los dejen en mala postura (inclinados, sobre el lomo, abiertos...) o que no soporten bien su peso. Un mueble adecuado debe ser uno que nos permita colocar los libros derechos ya sea de pie u horizontalmente y que sea resistente como para aguantar toda la colección. Adecuado no es sinónimo de caro, ni lujoso, ni voluminoso, muebles adecuados pueden ser:
  1. una repisa o conjunto de repisas: sencillas, fáciles de instalar e ideales para colecciones pequeñas. 
  2. un juguetero normal: como están adecuados para decoraciones a veces no son tan resistentes o desperdician mucho espacio si tienen divisiones muy altas o anchas, pero sirven para colecciones de pequeñas a medianas. 
  3. una caja o conjunto de cajas de madera (de esas para fruta, lo que en México llamamos huacal): son muy resistentes y baratas y se pueden decorar y acomodar de maneras muy interesantes. Para bibliotecas de todo tamaño. 
  4. un librero propiamente dicho, no son tan fáciles de encontrar en mueblerías como los jugueteros, pero son muy fáciles de hacer en casa con herramientas simples y sin necesidad de muchos conocimientos de carpintería. Dependiendo de su tamaño, acomodan bibliotecas de medianas en delante. 
  • Elegir el sistema de ordenamiento adecuado
Sistemas de ordenamiento para bibliotecas hay muchos, de los más generales e intuitivos a los muy específicos y estrictos, y cada sistema tiene sus pros y sus contras y el resultado final se ve de maneras distintas. Algunos de los sistemas más comunes y sus pros y contras son:
  • Por temáticas, materias o géneros:
Las secciones pueden ser tan específicas o generales como gustemos o necesitemos, desde un simple ficción y no ficción hasta por materias o submaterias específicas. Para un ordenamiento más estricto, dentro de las secciones se pueden ordenar los libros por orden cronológico, nombre de autor o cualquier otro sistema.

Inconveniente para tener libros de un mismo autor juntos, ya que mientras más secciones se tengan es probable que los libros un mismo autor que escribe sobre varias materias queden separados (Véase, Isaac Asimov, Octavio Paz, étc). Algunos libros pueden ser difíciles de clasificar o caben en dos categorías distintas (¿La ruta de Hernán Cortéz va en novela o historia?, ¿The blind watchmaker va en ciencia, filosofía o religión?...)
  • Por nombre del autor:
Excelente si se tienen muchos libros de pocos autores o se quiere tener las obras de cada autor juntas sin importar la temática o género de las mismas. Especialmente útil para libros de ficción (novelas, poesía, teatro...). Hay algunos libros que pueden ser difíciles de clasificar, no solo los anónimos, sino antologías de varios autores, libros editados por entidades e instituciones, libros seriados escritos por distintos autores (la serie Historia de la vida cotidiana en México, de 6 volúmenes, tiene como 3 coordinadores, las tres novelizaciones de la saga La profecía son de tres autores distintos, étc). No es tan intuitivo para libros de no ficción, sobre todo los de temáticas generales, técnicos o de autores poco conocidos. 
  •  Por editorial o colecciones:
Uno de los sistemas que más estéticos y ordenados se ven, aunque al final no es tan práctico. Excelente para personas que tienen editoriales o colecciones favoritas (en casa amamos El club de Diógenes de Valdemar, Almadía y Compactos de Anagrama). La mayoría de las editoriales imprimen sus libros o colecciones con el mismo formato y tamaño y ordenarlos juntos le da a la colección un toque muy ordenado y pulcro, pero ordenar una biblioteca completa así genera muchos problemas con autores que editan en varias editoriales (David Toscana, Enrique Vila-Matas...) o autores clásicos cuyos derechos han caducado y cualquier editorial puede imprimir, y como no, cuando a las editoriales cambian la imagen de sus colecciones.
  • Por orden cronológico:
Ya sea el orden en que los hemos leído (libros que leímos de niños, en la escuela, la universidad y de ahí en delante) o el orden en que fueron escritos. No intentado ninguno de los dos, pero supongo que ambos han de tener su encanto. El primero nos permitiría ir viendo nuestra historia como lectores y el segundo para quien tenga interés en la historia literaria. Recomendaría para los libros del mismo año o época, sobre todo con la literatura contemporánea, combinar con otro subsistema (nombre a autor, editorial, étc).
  • Por idioma o geografía:
Puede ser desde muy específico (por país) hasta más general (por continentes o por regiones lingüísticas, literatura iberoamericana, por ejemplo). Especial para literatura universal y para los que leen en más de un idioma o hacen la distinción entre libros en su idioma original y libros traducidos. Muy bueno para quienes nos gusta contextualizar la obras.
  • Por tamaño o color: 
Sistema que busca un resultado meramente estético ya que no proporciona un ordenamiento que nos vaya a ser de mucha utilidad al buscar un libro. Útil si no se piensa releer o consultar los libros frecuentemente, para bibliotecas muy pequeñas o para secciones en específico (enciclopedias, maxibooks, libros álbumes o para niños...)
  • Sistema Decimal Dewey:
Para los más perfeccionistas o quienes tengan alma de bibliotecario/librero ya que es el sistema que más trabajo y mantenimiento requiere. Es el sistema que se utiliza en las bibliotecas y consiste en ordenar los libros dentro de 10 clases, 100 categorías temáticas, 1000 categorías subtemáticas con los números del 000 al 999 y después más específicamente con decimales después del punto. Cada libro tiene un número de acuerdo a su contenido.

Para implementarlo en casa es necesario encontrar el número decimal correspondiente a cada libro, ya sea en su ficha bibliográfica,  página de información de la edición o en la siguiente web que busca él o los números que normalmente se le asignan a cada título; después debemos marcar cada libro con su número usando una etiqueta y por último los ordenamos en los estantes por orden numérico.

El resultado es una biblioteca en casa que se ve como una biblioteca de verdad y los libros ordenados temáticamente (con los pros y contras que eso conlleva). Especialmente útil para bibliotecas muy grandes o con muchos libros de no ficción (no es tan recomendable para libros de ficción porque no es nada intuitivo).

Al final, el sistema correcto para cada persona es el que le funcione dependiendo de sus necesidades de espacio, uso y estética deseada. En la práctica, casi siempre el sistema ideal es una combinación de dos o más sistemas para partes diferentes de nuestra biblioteca. 
  • Darle mantenimiento a la biblioteca ya ordenada.
De nada sirve que invirtamos tiempo y esfuerzo en ordenar nuestra biblioteca si no procuramos mantenerla de esa manera.

Es importante alimentar los libros que vayamos consultando o releyendo de la biblioteca en sus correctos lugares, al igual que los libros que vayamos adquiriendo con el paso del tiempo. Si nos da flojera hacerlo cada vez que sacamos un libro de su lugar, entonces intentemos dejarlos en un mismo lugar aparte (al final del último estante, por ejemplo) y cada cierto tiempo (un mes, por decir algo) dedicar unos minutos a colocar los libros acumulados de vuelta a su sitio. Es aquí donde se vuelve importante que el sistema que hayamos elegido fácil de mantener e intuitivo si no somos las únicas personas usando la biblioteca. 

Si nuestra biblioteca tiene cierto tamaño (digamos, más de 300 libros) es recomendable colocarlos "flojitos" en los estantes o cada cierto número de estantes, libros o al final de cada sección dejar espacio para que cuando lleguen nuevos libros podemos acomodarlos sin necesidad de recorrer toda la colección. 

Si los libros no llenan todo el espacio que tenemos disponible o para evitar que se inclinen en los espacios que dejamos deliberadamente y si no contamos con los valiosos sujeta libros (bookends) podemos colocar cualquier otra clase de objetos de distintos tamaños en las estanterías para rellenar los huecos al tiempo que dan un poco más de decoración. También se pueden colocar pilas de libros acostados para el mismo fin o para ahorrar espacio, especialmente si tenemos estantes muy altos.

Al mover los libros de lugar o recorerlos dentro de los estantes, no arrastrarlos o empujarlos para no dañar las orillas. Levantar cada libro o grupo de libros y ponerlos en su nuevo sitio.

Y por último, referente a la limpieza de la biblioteca y el espacio que ocupa: nunca utilizar agua o productos comerciales en los estantes mientras estén los libros puestos en ellos. Si hay polvo, sacudir utilizando un trapo completamente seco (de preferencia de microfibra, que atrapa el polvo y no solo lo mueve). Si los estantes necesitan ser limpiados con productos por cualquier razón, quitar los libros, limpiar y esperar a que se sequen antes de colocar nuevamente los libros. Evitar productos con amoníaco, ácidos u olores fuertes que puedan impregnar los libros. Al limpiar pisos con agua, y sobre todo si se tiene libreros o estanterías muy bajas o sin resguardo inferior, tener mucho cuidado de no salpicar los libros o dejar el piso húmedo durante mucho tiempo.


Una biblioteca en casa es un privilegio que no todos pueden tener y que los que tenemos apreciamos bastante. Como todo lo bueno en la vida, cuesta cultivarla y mantenerla, sobre todo si se busca tenerla organizada, pero lo cierto es que para el bibliófilo, pocas visiones dan tanto placer como el ver una colección literaria ordenada.

Personalmente nuestra biblioteca me encanta y a veces entro sin un fin en particular, solamente a admirarla y estar rodeada de libros, y por supuesto, cuando tenemos visitas que también gustan de la lectura, no dejo de presumirla y con mucho orgullo.

Les dejo una foto de nuestra colección y su organización actual (los libreros los hicimos nosotros):

Primer librero: Colección Lovecraft, Antologías por editorial, Ficción y no ficción por autor A-F
Segundo librero: Ficción y no ficción por autor F-Z
Tercer librero: Leyendas y mitos por temática y Maxi books por editorial., al final: libros por liberar y por devolver.

2 comentarios:

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