16 de marzo de 2016

"Mi esposo" y algunas ideas sobre el matrimonio.

Hace poco me encontraba cocinando para una cena familiar y de pronto recordé una vez hace algunos años, en la que también estaba cocinando, pero con mi madre y ella aprovechó para decirme algo que solía decir cuando criticaba alguna costumbre, acción o creencia mía eran cosas como: "No puedes ser vegetariana toda tu vida, cuando te cases y tu esposo quiera carne ¿a poco no le vas a cocinar solo porque tú no comes?", "Si sigues chupándote el dedo (algo que hacía usualmente todavía en la adolescencia) ¿qué va a pensar de ti tu esposo cuando estés casada?", "Ahorita andas de volada, pero de rato que te toque un esposo al que no le guste que andes de machorra y juntándote con puros hombres a ver qué haces", "No te conviene ser así de ambiciosa y gastadita, ¿qué vas a hacer sí te toca un esposo que no gane mucho?"...

Empezando por el hecho de que como método de enseñanza no es muy efectivo el meter miedo y vergüenza en vez de tratar de entender la raíz de conductas que a ella le parecían mal o nocivas o aceptar que muchas de las cosas que le parecían mal venían desde ideas retrógradas que ella tenía, lo que más me llamó la atención ésta vez que recordé sus frases y que nunca había notado es la creencia que persistía detrás de todas ellas: que el matrimonio y "mi esposo" era algo que yo iba  contraer o caerme del cielo y sobre el que yo no tenía poder de decisión.

Por la mente de mi madre no pasaba que yo podría, en primera elegir no casarme (o no casarme con un hombre) y segundo (y principalmente) que podía escoger, no solo superficialmente o en el sentido básico de la palabra, con quien casarme. Es decir, no solo el que yo podría ELEGIR no casarme con el primer monigote que se me pusiera enfrente o me gustara, sino rechazar a alguien que no compartiera mis ideales y gustos.

Cuando pienso en su vida y en los dos hombres con los que se casó, entiendo el por qué se sentía así con respecto al matrimonio: efectivamente a ella los esposos "le tocaron", en el sentido de que se ató a hombres porque creyó que no tenía elección, por sus creencias religiosas y todo el paquete de inseguridades, traumas sin tratar, enfermedades (físicas y mentales) que llevaba consigo, por presiones sociales y económicas que no supo o no quiso sortear de otras maneras y por supuesto, por sus tendencias emocionales nada sanas. En ningún momento se le pasó por la cabeza que podía realmente elegir a alguien que la apoyara, amara como era y le ayudara a mejorar en las cosas que sí tenía que trabajar.